Kavinsky – 1986 (2007)

Una de las cantinelas que se oyen con más viveza, repetición y pulcritud es esa que afirman que los 80’s están muertos y enterrados. Que los 80’s se fueron y nunca volverán es algo tan obvio que no es necesario decirlo, pero pretender que una época se pueda enterrar de una forma radical y absoluta es irrisorio; los ecos del pasado siempre están llegando hasta nuestro presente. Entre grupos herederos del sonido, otros influenciados por su música y por los siempre encantadores nostálgicos que no permiten que muera un estilo no sólo de música, si no de vivir la vida -aka de forma hortera pero fardona-, y grupos de la época que vuelven por la necesidad de un poco de dinero pretender que los 80’s están pasados es absurdo. Esto se ve con más claridad aun con el revival de música ochentera que estamos viviendo y que, además, tuvo de punta de lanza ya hace cuatro años -una auténtica eternidad para la música p0p- al genial Kavinsky.

Arrastrando EP tras EP a su espalda, sin decidirse aun a sacar su disco debut, la primera vez que dio la cara fue entre el grupo de los hijos del electro house francés muy bien acompañado de Sebastian y Data. Pero aunque Vincent Belorgey haya sabido rodearse de los mejores -lo cual demostró al ser producido por Guy-Manuel de Homem-Christo– lo fascinante de su música es la mezcla.

Cada canción de Kavinsky es singular de un modo único y especial siendo su único elemento común un cierto deje electro house y un marcadísimo toque 80’s. Por ello la combinación pasa entre frenéticos flangers que nos llevan en una montaña rusa de bamboleos electros de un extremo al otro de la carretera de Wayfarer hasta la más feroz, casi rugiente, Testarossa donde pisa a fondo en un viaje mortal de pura adrenalina. Lo cual se ve reforzado por la mucho más calmada Dead Cruiser donde con un tono más elíptico y pausado nos da una road movie en miniatura donde el espíritu es la supervivencia en estado puro. Todo esto para acabar con la onírica y fascinante Grand Canyon donde, como en los créditos de una película de acción de Jean-Claude Van Damme, se reverencia el trabajo bien hecho con ese sonido que parece estar afirmando que las hostias sólo han parado temporalmente. Una auténtica odisea de destrucción frenética en la que no importa si es de los 80’s o es de los 00’s, pues no es si no una apuesta por modelar un discurso híbrido que se mantenga vigente tanto en su concepción de obra de época que de contemporaneidad.

Pero es que en último término debemos considerar que Kavinsky es la pieza perfecta para ir conduciendo con una Testarossa por carreteras secundarias sólo entrando en pueblos para fardar y machacar algunos niños pijos en carreras suicidas. Ese es el espíritu Kavinsky: la lucha, el fardar y el molar más que nadie, siempre, sin excepción. Y en ese sentido el EP -y, para ser justos, toda la obra de Kavinsky- es una jodida obra maestra que necesita ser revisitada de forma cuasi-obsesiva en un futuro no muy lejano.

Coge las llaves, da el contacto y haz cosas que cabreen a la policía. Ese es el espíritu de los 80’s; ese es el espíritu de Kavinsky.

Obras relacionadas.

The Sky Was Pink: Kavinsky

Escúchalo.

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