Placebo, o el deseo como catalizador de la belleza del mundo

Placebo es quizás uno de los grupos que más han afianzado todos los aspectos de su carrera -o, al menos, hasta recientemente lo hacían- en enfatizar los aspectos de personalidad que les hacían desmarcar de los demás grupos. Desde la voz de Molko hasta su exuberante pasión por la indefinición sexual pasando por las oscuras letras del grupo todo está concebido como herramientas de un todo mayor: Placebo; un espectáculo subversivo donde la indefinición glam da la mano a la irónica bilis adolescente punk. Es por ello que hacer un análisis de su pensamiento como obra netamente ballardiana no sólo no es un disparate sino que es un interesante ejercicio que, además, serviría para arrojar luz sobre algunas de las enrevesadas aspectualizaciones tan propias en Placebo. Para ello prescindiré de abordar los dos primeros discos, con ideas aun en forma germinal, y de los dos últimos, donde sólo encontramos un despreciable descenso hacia la mediocridad y, por ello, me centraré exclusivamente en sus dos discos centrales: ‘Black Market Music’ y ‘Sleeping with Ghosts’.

Según da comienzo ‘Black Market Music’ nos damos de bruces con Taste In Men, tema que cristaliza la síntesis que se da en el disco. Con un tono oscuro, con un particular énfasis en las voces de Molko y un estilo más enfocado a la instrumentalización van desgranando la historia secreta del mundo. Y es que la idea que sobrevuela toda la canción es la mitad de la dicotomía que sostiene el disco: la imposibilidad de escapar de un sistema corrupto; la necesidad de volver siempre ante la entidad opresora que nos envuelve. Esto queda muy bien explicitado cuando, en el estribillo, nos cantan ‘Vuelve conmigo después de un tiempo / Cambia tu estilo de nuevo’ ya que la imposición imperativa, necesaria, nos obliga tanto a volver como a cambiar nuestras disposiciones mentales ante su orden. Esto, que en el videoclip vemos como una llamada de juego y deseo a través de un Molko amante de un hombre emparejado con una mujer, es el doble juego que irán perpetuando durante el resto de canciones: sí hay una imposibilidad de escapar de la opresión que nos atenaza, a su vez, hay una búsqueda continua de la subversión de los códigos sociales establecidos como positivos.

Aunque nos propondrán que, ante semejante despropósito de existencia, el adocenarse desde la perspectiva de lo que dicta la normalidad o, precisamente, la anormalidad puede ser una opción no parece tener una perspectiva muy positiva. Tanto en Special K y Commercial for Levi el uso y abuso de drogas lleva hacia un nuevo estado mental pero, al final, la realidad se sobrepone como un viaje seguro en el que esa evasión no es más que un símil de la muerte.

En cualquier caso la visión de Placebo no es ni mucho menos triunfalista aunque siempre haya esa intencionalidad combativa con respecto de la situación del mundo. En ‘Passive Aggressive’ podemos ver como ‘Dios está en crisis / está acabado.’ pero esto, muy lejos de ser una actitud positiva, deberíamos interpretarlo como justo lo contrario: el Dios del que hablan es cada persona para sí mismo. De ese modo nos plantean como los hombres en la contemporaneidad se están desmoronando, destruyéndose sin posibilidad de recomponerse pues ‘Cada vez que me levanto te veo caer’ aunque, aun con todo, siempre se busca la posibilidad de seguir adelante ‘¿Puedes encontrar mi espacio dentro de su corazón sangrante?’. ¿Y qué ocurre con el que sigue en pie luchando una y otra vez? Pues, como dice Black-Eyed, seremos marginados de la sociedad ya que ‘Soy un borderline esquizofrénico / Y garante de que causaré un alboroto’. Porque, así es la vida en el tardocapitalismo, todo aquel que no sea un dócil corredor será tachado de lunático de ojos-negros.

El caso más clarividente de todo lo expuesto anteriormente lo encontraríamos en Slave to the Wage donde, en un videoclip soberbio, encontramos una serie de escenas dignas del Ballard más trasnochado: una oficinista, cansada de su trabajo alienante, accidentalmente va destruyendo todo cuanto mira a su paso mientras un Brian Molko vestido de azafata canta impávido como dando órdenes a las empleadas. La orgía de destrucción que deja a su paso sólo es comparable con los guiños hacia la divinidad de Molko o, en el caso contrario, que su única salida es el huir del mundo para escapar de una vida que es ‘una carrera, una carrera de ratas / una carrera de ratas hacia la muerte.’ Y es que, en último término, la única posibilidad de escapar de un sistema capitalista que nos lleva hacia un colapso no sólo del hombre como entidad personal, sino del mundo global como entidad natural y social, es huir del mundo hacia la muerte.

Su conclusión es que, la única posibilidad de triunfo, el mundo debería estar en una eterna revolución perpetua donde no se haga distinciones de amigos o enemigos; llegar hasta ese interregno entre la vida y la muerte, el auténtico campo de lo político, que preconizaría Bataille a través de Sade. En ‘Spite & Malice’, maravilloso tapado con una batería y un bajo auténticamente soberbios, el rapero Justin Warfield nos lo deja muy claro: Drogas, armas de fuego, jodiendo en las calles (Revolución) / Todo va a volar esta noche / Ya sea amigo o enemigo, esta noche

Sin embargo la perspectiva que encontraremos con respecto del mundo en Sleeping With Ghost es completamente diferente. Mediada desde un enfoque más eminentemente electrónico abordan la perspectiva del mundo, precisamente, desde el punto de resistencia más poderoso del cual disponemos: el deseo. Esto nos queda ya claro desde una intro demoledora, dura como una patada en las cara, como es Bulletproof Cupid en la que el deseo ya es explicitado de forma rotunda desde el primer minuto. Esto emparentaría con la tradición más onírica de Ballard donde el deseo es la única manera de escapar en triunfos que, quizás, nos permitan seguir combatiendo un día más contra la imparable maquinaria de un Destino® pautado entre los despachos de Monsanto, Disney y La Casa Blanca. También en éste sentido encontraríamos un extraño punto en común entre Ballard, Deleuze y Placebo ya que los tres, en último término, acaban por defender ese deseo como motor del cambio que produce que los flujos divergentes puedan combatir, aun cuando carecen de las armas necesarias, de tú a tú contra un enemigo omnipresente.

Aunque pronto nos enseñarán la otra cara de la moneda: el deseo como arma contra nosotros. En ‘This Picture’ asistimos a la auto-destrucción de una muchacha cuya imagen está mal pero nadie es capaz de discernir el por qué de ello. La sociedad estableciendo una jerarquía de lo que es bello, una belleza imposible, objetiviza a las personas en una imaginería incapaz de cumplirse; toda imagen es imperfecta a través de los cánones idealizados de una sociedad controladora. Y, de éste modo, el deseo de ser como esa imagen idealizada, perfecta, nos lleva a conocer unos grilletes que nos han sido bien representados a través de un perfecto uso de loops de guitarra. Y de ahí que sea tan aterrador que, como dirían en Protect Me From What I Want, nuestro deseo sea ‘(tú) protégeme de aquello que deseo’.

Una solución que nos dan a priori para todo esto es muy ballardiana: ‘Nos vemos en el final’. Una primera reacción sería la de pensar en el suicidio, o el asesinato, pero sería mejor partir de la base de que su intencionalidad está más cercana en la del deseo de alcanzar ese vergel deseante que nos instaba a alcanzar ‘Spite & Malice’. La canción nos anima con fuerza a hacer lo que sea necesario para alcanzar aquello que amamos para, cuando ya no quede nada más que podamos desear, esperar al otro en el final. Por supuesto, ese final jamás llegará pues o bien no existe el final o no podremos ver el final, pues el final mismo sólo será el epílogo de nuestro final que, a su vez, no impedirá que nuestros deseos sigan cristalizados en el mundo a través de los demás. Es por eso que, aunque nos destruyan, aunque destruyan a quienes queremos, la fuerza de nuestro amor, de nuestros deseos amorosos hacia ellos o desde ellos, nos llevarán a seguir combatiendo en un mundo post-industrial en ruinas.

¿Pero qué podemos hacer entonces mientras se desmorona el mundo? Lo primero es disfrutar de estos dos discos inmensos, tan parecidos pero tan divergentes, y después hacer caso de lo que nos dice Molko en ‘Special Needs’. Se trata de ser, como en su videoclip, como dos personas teniendo sexo sin tocarse, estando infinitamente lejos el uno del otro; haciendo del deseo mutuo una fuerza tan poderosa que viola incluso todas las leyes de la realidad. Porque la responsabilidad del hombre deseante hacia su objeto de deseo es sólo uno, el que le exige invariablemente el objeto deseado: ‘Acuérdate de mí a través de la fotografía con flash y gritos / Recuérdame, sueños especiales’. Y si somos capaces de cumplir esa responsabilidad con respecto de nuestros deseos, si somos capaces de no caer rendidos ante lo inefable de un mundo oxidado, nos daremos cuenta que la verdad del mundo radica en una belleza que sólo se puede ver a través del deseo y sus fantasmas.

Y es que, como dirían en Narcoleptic, ‘Será mejor que te mantengas a raya / o terminarás hecho una ruina / y nunca despertarás. / Despierta.’

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